La historia del manejo de las armas corre paralela a la propia humanidad.

El hombre ha tenido la necesidad desde su origen, de inventar armas de madera, piedra y mas tarde de metal. Usadas para cazar, o combatir entre tribus o naciones.

Entre todos los pueblos, el estudio del manejo de las armas tomo inmediatamente un lugar importante. Veinte siglos antes de nuestra era los chinos ya tenian sus propios maestros de armas.

De acuerdo a registros arqueológicos se puede afirmar que en Egipto, la esgrima surgió cuatro siglos antes que los juegos olimpicos de Grecia antigua. Tal como lo prueba un bajo relieve encontrado en el templo Medinet-Abou (Alto Egipto) construído por Ramsés III en 1190 A.C. en el que se aprecia una competicion: las armas son botonadas, las manos protegidas por un guante similar a las usadas en sable. algunos esgrimistas tienen la cara protegida por una máscara. El juez y organizadores son reconocidos por plumas que los diferenciaban.

Por parte de los Romanos no solamente los gladiadores eran entrenados en técnicas de luchas, sino también los legionarios eran instruídos en esta actividad por los “Doctores Armorum”. Los mas hábiles recibián doble ración u otros beneficios.

 

El Conde Koenigsmarken, de Polonia, inventa, en 1860 la espada de hoja plana, mas próxima a la que se conoce hoy en día. En 1891, el Dr. Graeme Harmond transforma el esgrima en deporte de competición en los Estados Unidos. Los fines del siglo XIX son señalados por la renovación de los Juegos Olímpicos: reiniciados en Atenas (1896 ) por iniciativa del Baron Pierre de Coubertin, quien era un gran esgrimista. En estos Juegos la esgrima es representada por 4 paises y 13 tiradores en las modalidades florete y sable. La Espada entra en el calendario a partir de los Juegos Olímpicos realizados en Paris en el año 1900.

También en los Juegos Olímpicos de Paris de 1924, surgen las primeras competiciones femeninas en florete.

A partir de 1906 se crean las primeras federaciones de esgrima y en 1913 nace la Federacion Internacional. A partir de ese momento se organizan grandes competiciones, se da forma a un reglamento internacional para pruebas y perfeccionando el deporte de la esgrima.
Desde esa fecha a nuestros dias muchas fueron las evoluciones experimentadas, mas la que deberia ser señalada sin duda es el desarrollo tecnológico de registro electrónico que permite señalar el toque en combate.

En el siglo XVI se introduce en Italia, y el estoque y la técnica italiana (primeramente con el brazo izquierdo envuelto con un manto) se popularizaron en Europa, especialmente en Inglaterra y Francia.

En el siglo XVIII se inventó en Francia el florete, y surgieron distintos estilos de defensa y ataque, así como un vocabulario especial de esgrima.

En el siglo XIX fueron prohibidos los duelos, y ya se enseñaron estas artes de esgrima con fines solamente deportivos y se comenzaron a usar los tiradores, el guante, el protector de pecho y la máscara de malla metálica.

En la esgrima actual se usan tres tipos de armas realizadas en acero templado: el florete, el sable y la espada.

Sobre los finales del siglo XIX, comienzan a aparecen en América maestros europeos, especialmente franceses e italianos, que comienzan a enseñar el arte de la esgrima, con lo que se inician exhibiciones de competidores locales que causan sensación con los lances de la pedana. Y se lucían los floretistas en presentaciones populares.

Los mangos o empuñaduras para florete y espada varían y se eligen dependiendo de preferencias individuales; el mango francés es más curvo y con un pomo en el final, mientras que el italiano tiene una barra cruzada y una banda sobre la muñeca; también hay varios mangos dentados que se agarran como una pistola.

El sable moderno deriva del arma que usaban antes los soldados de caballería. Tiene un protector en forma de hueco, que se curva bajo la mano, y una hoja en forma de T en sección transversal. Los tocados o puntos se pueden conseguir embistiendo con la punta o, produciendo un corte con el filo de la hoja. La competición de sable resulta rápida y emocionante para los espectadores.